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otras grandes Ciudades, México tiene muchas facetas determinadas
por su larga historia y por la enorme variedad de personas de todos
los orígenes que vive en ella o la visita, transmitiéndole
un poco de su propio carácter. Sin dejar de ser una urbe
de intenso movimiento, conserva rincones por los que podemos emprender
una caminata pausada, abandonándonos al placer de seguir
los ritmos de su gente y las orgullosas muestras de su pasado.
Una escapada por Madero: Desde la época colonial, esta
avenida era el paseo por excelencia de la sociedad mexicana, y continuó
siéndolo durante el siglo XIX y bien entrado el XX. Actualmente
es visita obligada para los que se conoce como el Centro Histórico
de la Ciudad de México, demarcación que la UNESCO
declaró Patrimonio de la Humanidad en 1987.
En el siglo XVI esta avenida fue bautizada como San Francisco, en
atención al convento homónimo. En el XVII su nombre
fue cambiado a Plateros porque ahí se asentaron los orfebres
de la ciudad (de hecho, sigue habiendo un buen numero de joyerías
a lo largo de la avenida), y en el siglo pasado se le dio el nombre
de Francisco I. Madero en honor al hombre que echó a andar
la Revolución Mexicana. |
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Desde
las puertas de la Princesa: Proponemos a nuestros lectores un recorrido
a lo largo de la Avenida Madero, partiendo de la esquina de Eje
Central (antes San Juan de Letrán) hasta llegar al Zócalo
o Plaza Mayor. El objetivo es señalar algunos puntos donde
el paseante debe detenerse, sin incluir los muchos escaparate y
rincones que él mismo puede ir descubriendo.
Torre Latinoamericana (1956): Durante mucho tiempo fue el rascacielos
más alto de México (47 pisos y 182 metros de altura).
Como la ciudad sea asienta en una zona sísmica, su cimentación
está basada en un sistema hidráulico que contrarresta
los efectos de los movimientos telúricos. En los pisos 43
y 44 existe un mirador con excelente vista a la ciudad y el valle.
Casa de los Azulejos (1737): Antiguo palacio de los condes del Valle
de Orizaba. Es hogar de la más antigua sucursal de los restaurantes
y tiendas Sanborn's. El edificio fue remozado recientemente, y su
salón principal -decorado como un jardín- conserva
un ambiente propio del siglo XIX. Por muchos años este local
era el sitio obligado para desayunar si uno pertenecía a
la elite política o industrial de México. Debe su
nombre a su característica fecha cubierta de mosaicos poblanos
en azul y blanco. En el descanso de la escalinata principal hay
un mural (Omini-ciencia) de José Clemente Orozco. |

| Templo
y ex convento de San Francisco (1525): Llegó a ser un enorme
complejo religioso y administrativo con más de 30 hectáreas
de superficie, incluido un atrio en el que, se dice, cabían
60 mil personas de pie. De aquel esplendor sólo quedan algunas
muestras, como la iglesia, que alguna vez fue una de las capillas
del conjunto, y la portada barroca de la Virgen de Guadalupe, con
acceso por la Avenida Madero. Sobreviven también la antigua
capilla de la Purísima Concepción y un fragmento del
claustro, que aloja actualmente el Templo Metodista de la Santísima
Trinidad con acceso por la calle de Gante.
San Francisco y San Felipe: Es interesante detenerse ante las portadas
contiguas de las iglesias de San Francisco (barroca) y de San Felipe
de Jesús (1895, neogótca) y apreciar el contraste
estilístico entre ambas fachadas.
Madero y Gante: En esta equina se encuentra el edificio High Life,
del arquitecto Silvio Contri, resumen de la elegancia comercial
de principios del siglo XX, resuelto en una mezcla de estilos propia
del eclecticismo de la época.
Palacio de Iturbide (1785): Casa del marqués de Jaral de
Berrio, conde de San Mateo de Valparaíso. Desde 1966 es propiedad
de Banamex. Posee una fabulosa fachada de tezontle y cantera, con
motivos orgánicos y geométricos. En su portada hay
que admirar las pilastras con sirenas de doble cola y los talantes
o maceros sobre la puerta.
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Casa
Borda: Perteneció al minero José de la Borda. Sólo
se conserva la fachada, que se caracteriza por un balcón corrido
que su propietario mandó construir para poder dar la vuelta
a la manzana sin bajar a la calle. En su interior se encuentra el
Museo Serfin dedicado a indumentaria indígena y trajes coloniales.
Hotel Ritz: En el interior de un restaurante contiguo se encuentra
Sueño de una Tarde de domingo en Xochimilco, mural de Miguel
Covarribias, parodia caricaturesca del famoso mural de Diego de Rivera
que tiene su propio recinto en La Alameda.
Templo de la Profesa (remodelado en 1720): En 1802, Manuel Tolsá
transformó la decoración barroca (con reminiscencias
góticas) del interior en neoclásica. El mejor ejemplo
de este es el Altar Mayor. En contraste, la fachada de Isabel la Católica
es una de las obras más valiosas del barroco mexicano. El tempo
tiene una pinacoteca virreinal anexa. En años recientes ha
estado de moda para ceremonias matrimoniales, con recepción
en el Casino Español, espléndido edificio que se encuentra
a poca distancia. |

| Desembocar
en el Zócalo de la ciudad de México viniendo por la
Avenida Madero es como entrar a un lago enorme desde un estrecho
cañón: los espacios se abren y la ornamentación
cargada, propia de la época colonial y del siglo XIX, da
paso al geometrismo prehispánico. Aunque la plaza Mayor se
encuentra rodeada por edificios de la Colonia, ninguno, salvo la
portada del Sagrario Metropolitano, posee el barroquismo de las
portadas de la Profesa y de la capilla de la Virgen de Guadalupe.
A un costado de la plaza se encuentran las ruinas del Templo Mayor
de los aztecas. El espacio está dominado por la enorme plancha
vacía, sobre la cual destaca una bandera monumental que da
luz y color al punto que desde hace más de 600 años
ha sido el corazón de México. |
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Al
estilo español: La zona del Centro Histórico posee una
gran oferta de comida, desde lujosos restaurantes hasta puestos callejeros,
pero en ella destacan los restaurantes españoles que son toda
una tradición gastronómica para quienes los visitan.
Con el flujo de inmigrantes hispánicos que llegaron en grandes
oleada durante la primera mitad del siglo XX fueron surgiendo restaurantes
que ofrecían especialidades regionales de toda la Península.
Estos sitios se han convertido en venerables establecimientos donde
se pueden pedir el menú del día, que llega a consistir
en cinco o seis platos. Entre los más apreciados están:
· Casino Español, Isabel la Católica 31
· Centro Castellano, República de Uruguay 16
· El Danubio, República de Uruguay 3
· Circulo Vasco Español, 16 de Septiembre 51
· El Hórreo, Dr. Mora 11
· Mesón del Cid, Humboldt 61
Entre los platillos favoritos de quienes acuden a los restaurantes
españoles están los caracoles a la bordalesa, el jamón
bellotero, chistorras y morcillas, la paella valenciana, la fabada,
el cocido madrileño, el solomillo, la zarzuela de mariscos
y como postre las natillas y budines, todo bañado por un sabroso
vino de la Rioja o la Ribera del Duero, o por una buena cerveza mexicana
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